12 diciembre 2016

~ Conocerse ~

Conocerse a uno mismo y a los que nos rodean. Aquí estoy, a más de 3000 kilómetros de mi gente querida, de mi familia, de ellos y de los que se hacen llamar como tales. A tanta distancia, rodeada de desconocidos te das cuenta de muchas cosas, pequeños detalles pasan a otro plano, porque cuando pasas un mes sin un abrazo, sin una caricia, sin una mirada de complicidad, sin que sepan qué te pasa sin usar una sola palabra, cuando eso pasa, te das cuenta de muchas cosas.
Empiezas a conocerte, a saber qué necesitas y qué está de más. Creo que cuando se vuelve de tal "exilio" se sabe apreciar mejor lo que se tiene. Muchos dicen que extrañaban la comida, el sol, el cielo azul, los atardeceres a las siete de la tarde y no a las cuatro, el coche aparcado en la acera de en frente, que te entiendan en los locales, y todo eso será verdad, pero a tu gente, a ellos los extraño como lo que más. Porque me puedo cocinar platos excelentes si me pongo o buscar rayos de sol entre las nubes o pillar un taxi que me recoja cuando pida o usar el google translate, pero quién me dará esos momentos de risas contagiosa, esas conversaciones que surgen sin más... 
Conoces a gente maravillosa, a gente que te aporta un punto de vista diferente, con los que ríes, disfrutas y lo pasas realmente bien, pero quizás sea yo, quizás sean ellos, pero hay gente que es simplemente irreemplazable, que por más que los demás te aporten, necesitas su granito de arena.

Poquito para estar ahí, para agotar cada segundo y guardar cada minuto. MISS ALL OF YOU

18 marzo 2016

Efímera felicidad

La vida es así. Un día estás riendo mientras planificas con un café en la mano tu próximo viaje y al día siguiente estás en urgencia llevando a la persona más importante de tu vida hacia un diagnóstico desconocido. Cuando era pequeña y pasaba algo malo, siempre me preguntaba por qué Dios que todo lo ve permitía que pasaran cosas malas. En catequesis me decían que Dios ponía a prueba nuestra fe en él. A día de hoy, por más que quiera creer, no puedo aceptar que un Dios que se preocupa por nosotros deja que a personas tan maravillosas y especiales tengan que pasar por momentos duros, crueles e injustos, que la vida les castigue así, como si algo malo hubiesen hecho. No, definitivamente no puedo creerlo. 
Creo que decidí estudiar medicina cuando me di cuenta que la ignorancia me mataba. Esas situaciones en las que tienes que fiarte a ciegas, esperar en balde o creer lo que te digan casi a pies juntillas, esas situaciones en las que los nervios te devoran y te sientes inútil. 
Hace años que comenzó mi formación y obviamente aún hay campos que se quedan fuera de mi alcance. Este es uno de ellos. Os podría contar cómo nos hicieron esperar desde las nueve de la mañana hasta más de las cuatro de la tarde, cuando al fin se dignaron a recibirnos o cómo nos hablaron de mala manera, como si fuésemos unos ignorantes a los que les gustase pasearse por urgencias o cómo nos querían mandar a casa... Imaginaos hasta que punto metió la pata la facultativa de turno que al final del día subió a disculparse... El sistema está saturado (público y privado), lo cual afecta al personal, pero el paciente no tiene la culpa. Si está allí, no es por gusto. Y si está en urgencias, aunque haya de todo, tampoco es por gusto. 
En breves cogeré el coche, nos espera un duro día (ojalá el calvario solo durase un día), deseo con todas mis fuerzas que todo salga bien. Escribo para desahogarme, porque romper a llorar de poco va a ayudar por casa, tengo mil preguntas que pasan por mi cabeza tan rápido que si quisiera escribirlas no me seria posible, mil preguntas para las que no tengo respuestas y mil cosas que aún nos quedan por hacer. 
Porque en esta vida, hay personas importantes y personas imprescindibles. Daría mi vida por que a estas personas imprescindibles no les pasara nada malo en la vida, que tuvieran una felicidad completa, aunque no pudiera disfrutarla con ellas.
Porque cuando pasan cosas así te das cuenta de cuántas veces te has enfadado o molestado por tonterías sin importancia, de a qué precio has vendido el tiempo con los tuyos y a qué precio lo puedes llegar a pagar...
En esta vida, en la que se aprende a base de palos y caídas, 
hay que aprender rápido