Conocerse a uno mismo y a los que nos rodean. Aquí estoy, a más de 3000 kilómetros de mi gente querida, de mi familia, de ellos y de los que se hacen llamar como tales. A tanta distancia, rodeada de desconocidos te das cuenta de muchas cosas, pequeños detalles pasan a otro plano, porque cuando pasas un mes sin un abrazo, sin una caricia, sin una mirada de complicidad, sin que sepan qué te pasa sin usar una sola palabra, cuando eso pasa, te das cuenta de muchas cosas.
Empiezas a conocerte, a saber qué necesitas y qué está de más. Creo que cuando se vuelve de tal "exilio" se sabe apreciar mejor lo que se tiene. Muchos dicen que extrañaban la comida, el sol, el cielo azul, los atardeceres a las siete de la tarde y no a las cuatro, el coche aparcado en la acera de en frente, que te entiendan en los locales, y todo eso será verdad, pero a tu gente, a ellos los extraño como lo que más. Porque me puedo cocinar platos excelentes si me pongo o buscar rayos de sol entre las nubes o pillar un taxi que me recoja cuando pida o usar el google translate, pero quién me dará esos momentos de risas contagiosa, esas conversaciones que surgen sin más...
Conoces a gente maravillosa, a gente que te aporta un punto de vista diferente, con los que ríes, disfrutas y lo pasas realmente bien, pero quizás sea yo, quizás sean ellos, pero hay gente que es simplemente irreemplazable, que por más que los demás te aporten, necesitas su granito de arena.
Poquito para estar ahí, para agotar cada segundo y guardar cada minuto. MISS ALL OF YOU